Al llegar a Londres la noticia de que había estallado la revolución obrera del 18 de marzo de 1871, Marx se apresuró a prestar ayuda a los obreros insurgentes de París. Escribió centenares de cartas a todos los países en que existían secciones de la Internacional, explicando a los trabajadores el verdadero sentido de la revolución del 18 de marzo y exhortándolo a organizar un movimiento en defensa de la Comuna.
Engels prestó una gran ayuda a Marx en aquel período. En el otoño de 1870 abandonó la oficina en Manchester y se trasladó a Londres, entregándose por entero a sus actividades en el Consejo General.
Por medio de cartas e instrucciones verbales que trasmitían personas de confianza, Marx trataba de ayudar a los comuneros con sus consejos, previniéndoles contra posibles errores. Sin embargo, sus indicaciones no siempre llegaban oportunamente a París, pues la ciudad se hallaba sometida a estrecho cerco. Los proudhonianos y los blanquistas que encabezaban la Comuna tomaban de muy mala gana y con retraso todas las medidas que estaban en contradicción con sus dogmas sectarios y esta circunstancia también dificultaba la labor desplegada por Marx.
Cuando la Comuna de París estaba aún luchando, Marx supo ver ya su importancia histórica, poner al descubierto sus errores fundamentales y sacar conclusiones de suma trascendencia para la teoría y la táctica revolucionaria de los trabajadores. En su carta a Kugelmann del 12 de abril de 1871, destacó lo que la Comuna de París había aportado de nuevo a los principios de la lucha revolucionaria: Si te fijas en el último capítulo de mi Dieciocho Brumario -decía Marx-, verás que expongo como próxima tentativa de la revolución francesa no hacer pasar de unas manos a otras la máquina burocrático-militar, como venía sucediendo hasta ahora, sino demolerla, y ésta es justamente la condición previa de toda verdadera revolución popular en el continente. En esto precisamente consiste la tentativa de nuestros heroicos camaradas de París.
Marx limita al continente su conclusión acerca de la necesidad de destruir la vieja máquina estatal, haciendo por lo tanto de Inglaterra la única excepción entre los países europeos. Partía del hecho de que la clase obrera de Inglaterra constituía la mayoría de la población, de que allí no existía aún el militarismo y la burocracia no desempeñaba todavía un papel considerable pero, según indica Engels, Marx tampoco se olvidaba nunca de añadir que no era de esperar que las clases dominantes de Inglaterra se sometiesen a esa revolución pacífica y legal. En esta misma carta a Kugelmann, Marx señaló dos errores fatales de los comuneros:
— se debía haber emprendido inmediatamente la ofensiva contra Versalles, mientras el enemigo estaba lleno de pánico y no había tenido tiempo de concentrar sus fuerzas. Esa ocasión se dejó escapar;
— el Comité Central renunció demasiado pronto a sus poderes para ceder su lugar a la Comuna.
En otra carta a Kugelmann, fechada el 17 de abril de 1871, Marx decía que el solo hecho de haber surgido la Comuna de París era ya una conquista del proletariado de importancia histórica. En su obra La guerra civil en Francia, escrita en 1871, Marx hizo una síntesis teórica de la experiencia de la Comuna. Consideraba que el mérito principal de los comuneros había consistido en que intentaron, por vez primera en la historia, crear un Estado obrero. Todas las revoluciones anteriores no habían ido más allá de simples desplazamientos entre las clases dominantes, se limitaban a cambiar una forma de explotación por otra, y, en vez de demoler la vieja máquina estatal, se circunscribían a hacerla pasar de unas manos a otras. Pero la clase obrera -decía Marx- no podía adueñarse simplemente de la máquina estatal existente y ponerla en funcionamiento para sus propios objetivos. Marx y Engels consideraban tan importante esta conclusión, que en el prefacio escrito para el Manifiesto comunista en 1872 dijeron que la estimaban una adición muy esencial a este documento programático.
La Comuna no sólo demostró en la práctica la justeza de la tesis -formulada por Marx en su obra El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte- que afirma la necesidad de destruir la vieja máquina estatal, sino que procedió a erigir una organización política de nuevo tipo llamada a sustituir dicha máquina. Basándose en la experiencia de los comuneros de París, Marx dio un nuevo paso de importancia extraordinaria en el desarrollo de su teoría sobre la dictadura del proletariado, llegando a la conclusión de que un Estado del tipo de la Comuna de París era la forma política descubierta, al fin, para llevar a cabo dentro de ella la emancipación económica del trabajo.
Al analizar en su trabajo las medidas sociales y económicas adoptadas por la Comuna, Marx destacaba la idea de que, por más tímidas que hubieran sido, su tendencia principal era la expropiación de los expropiadores.
Marx prestó gran atención a una cuestión que tuvo enorme importancia para la suerte de la Comuna: a las relaciones de ésta con el campesinado. Examinó las medidas que la Comuna hubiera debido tomar (y no tuvo tiempo de hacerlo) en favor del campesino francés. Marx demuestra que la Comuna no sólo era la defensora natural del campesinado, sino también de la pequeña burguesía urbana, que era la verdadera representante de los intereses genuinos de la nación francesa. Termina su obra glorificando a la Comuna, como precursora de la sociedad futura.
La guerra civil en Francia fue una nueva y brillante prueba del carácter creador del socialismo científico, de su capacidad de desarrollarse y perfeccionarse a base de la experiencia de las masas, de su iniciativa histórica.
Publicada como llamamiento del Consejo General, fue un trascendental documento político de la Internacional, que pertrechó a los trabajadores de todo el mundo con la experiencia de la Comuna.

