jueves 12 de febrero de 2009

Buscando a Bin Laden desesperadamente

Where´s Bin Laden?

Luis Alsó Pérez

Rebelión, 2001


Este podría ser el título de un culebrón -mitad tragedia, mitad farsa- que, a partir de los atentados del 11 de Septiembre, se nos viene sirviendo por los medios de comunicación del Imperio, encabezados por la CNN.

Puesta en escena

Proyectados a través de dicha cadena televisiva con estremecedor realismo, es más, sin embargo, lo que esconde que lo que deja ver. La espectacular nube de polvo provocada por el derrumbamiento de las torres gemelas, una vez desvanecida, ha dado paso a una nube de interrogantes, tras la cual empieza a perfilarse un gigantesco montaje, erigido sobre un puñado de vidas inocentes. Veamos:


-Las medidas de seguridad en los aeropuertos estadounidenses son más rigurosas de lo que se nos dice. De hecho, hace muchos años que no se producía ningún secuestro de aviones. ¿Cómo es posible que en un solo día y en pocas horas se produzcan nada menos que cuatro, a cargo de diecinueve individuos con sospechoso aspecto árabe?. La fragilidad del montaje empieza a ponerse de manifiesto cuando se comprueba que varios de los supuestos secuestradores muertos en el atentado gozan de buena salud, y que otros tantos detenidos no tienen ninguna conexión con el mismo. Entonces, si no tenían la trama, ¿cómo sabían desde el primer día que Bin Laden estaba al fondo de ella?

-Según los expertos, se necesita una infraestructura y una profesionalidad que no está al alcance de ningún grupo terrorista. Además todos los grupos "terroristas" islámicos –que, lógicamente, suelen reivindicar cualquier acción espectacular para rentabilizarla- se han desvinculado de él, incluso el propio Bin Laden. No tenemos por qué concederle a él menos credibilidad que al gobierno norteamericano, porque ambos fueron socios durante muchos años (Bin Laden y los talibán fueron, como es sabido, una creación de la CIA).

-La cinematografía yanqui viene asociando, desde hace muchos años, árabe con terrorista. En esa misma línea la CNN pasa y repasa por las pantallas de los televisores de todo el mundo imágenes de palestinos, niños fundamentalmente, haciendo la V de la victoria, insinuando veladamente que son pequeños monstruos que llevan en la sangre el germen del terrorismo, e induciendo así una idea indirecta de culpabilidad árabe. Al descubrirse que las imágenes corresponden al año 1.991, la credibilidad de la CNN empieza a desmoronarse (como las torrres gemelas).

-El FBI, que durante los dos o tres años que –según los expertos- se necesitarían para montar la trama no fueron capaces de detectar una red constituida por no menos de 50 terroristas, recobra súbitamente la eficacia tras el atentado, y en dos o tres días afirman tenerlos identificados. Hasta los carnets de los pilotos suicidas –supuestos profesionales- aparecen irresponsablemente abandonados (por supuesto, pertenecen a varias nacionalidades árabes, para que las culpas se repartan por todo el Islam).

La aparente seguridad sobre la identidad de los que perpetraron el atentado hace que, a los pocos días, se ponga en marcha un impresionante dispositivo bélico rumbo a Afganistán. Sin embargo, hasta tres semanas mas tarde, a requerimiento de algunos países europeos de la OTAN que pedían pruebas de que se trataba de una agresión exterior, fueron incapaces de aportarlas (los talibán siguen exigiéndolas infructuosamente).

-En los primeros días, los medios de comunicación elevan la cifra de posibles víctimas a treinta mil. Una semana después la reducen a unos 6000, en base a unas confusas listas manejadas por el alcalde Giuliani. Tres semanas después, a pesar de que las intensas tareas de desescombro (a las que, sospechosamente, se impide acceder a la prensa) ya habían removido buena parte de las ruinas, solo habían aparecido unos doscientos cadáveres.

Ante el estupor de la gente, se empieza alegar que, posiblemente, muchos cuerpos se volatilizaron por las altas temperaturas (éstas, sin embargo, sólo afectaron a los pisos altos). Algunos testigos afirman que las torres fueron evacuadas en su mayoría después del primer atentado. En el Pentágono la cifra inicial de 800 víctimas es reducida a poco más de un centenar, incluyendo los tripulantes del avión (por supuesto, no hay ningun general entre ellas). Es evidente que las cifras fueron infladas intencionadamente por quienes más tarde iban a rentabilizar el fuerte impacto emocional de los atentados.

-Como cualquier instalación de alta seguridad, el Pentágono es una de las más protegidas del mundo. Cualquier avión sospechoso, por sofisticado y veloz que fuese, que se acercase a varios kilómetros a la redonda sería rápidamente detectado y derribado. Casi una hora después de la agresión a las torres gemelas el Pentágono sabía que otro avión secuestrado se dirigía a la zona; ¿por qué no fue derribado?; ¿como es que no existe ningún vídeo claro y fiable del supuesto impacto -como en las torres gemelas- cuando se supone que su exterior –como su interior- debe estar vigilado por decenas de cámaras de vídeo? ¿Por qué los bomberos sólo pueden entrar cuatro días más tarde? Sospechosamente la caja negra del supuesto avión –a pesar de estar diseñada para sobervivir a los impactos- está inservible. Pero, curiosamente, un plan de remodelación y ampliación de las instalaciones del Pentágono, bloqueado anteriormente por el Congreso, recibe ahora, pródigamente, los fondos denegados.

-Se ha detectado un gigantesco movimiento especulativo bursátil en los días previos al atentado, que ha puesto en ocultas manos criminales incalculables beneficios. Son operaciones de auténticos expertos, conocedores de lo que iba a pasar, y que difícilmente podría haber dirigido Bin Laden desde su carpa del desierto de Afganistán.

-El guión se completa con un despliegue mediático y una escenificación sin precedentes: un coche–bomba (inexistente) estalla junto a la Casa Blanca; movilización general en las instalaciones y bases europeas de la OTAN, los aeropuertos se cierran. Se habla de "acto de guerra", de ataque a la civilización occidental, del mayor acto terrorista de la historia (de una historia para amnésicos, que se olvidasen de Hiroshima y Nagasaki)..... El Dr. NO y Goldfinger quedan relegados a la categoría de hermanitas de la caridad ante la supuesta capacidad destructiva del superterrorista, con aspecto de opiómano tísico, Osama Bin Laden y su Imperio del Mal (ya la CIA había fabricado anteriormente al terrorista Carlos; pero lo "quemaron" cuando el comunismo dejó de ser una amenaza) Por mor de esa escenificación el turbante islámico se convierte, súbitamente, en el siniestro espectro que amenaza al mundo civilizado. Más tarde se escenificará, también, una alocución lacrimógena del presidente de EEUU (que no ha derramado una sola lágrima por el millón de niños iraquíes fallecidos por su bloqueo criminal) y una misa colectiva para pedir a Dios que bendiga la venganza.

God bless the Empire

Las sospechas de montaje se consolidan cuando -como se aconseja en estos casos- se formula la pregunta "¿a quién aprovecha?"; porque las rentas para el Imperio son tan altas que, de creer la versión oficial, habría que concluir que "Dios bendice al Imperio" usando a Bin Laden como agente de la Providencia, en lugar de la ProvidenCIA.Veamos, en efecto, el cambio sustancial ocurrido a los pocos dias del atentado:

- EEUU –y, por extensión, la OTAN- se convierte en el llanero solitario que, jaleado por las multitudes, se apresta a restablecer el orden y la justicia en el mundo. Cualquier aventura imperialista, ejecutada en cualquier momento en cualquier punto del planeta será no sólo justificada, sino aplaudida.

- Israel pasa de ser un estado terrorista a punta de lanza en la defensa de la civilización occidental contra la barbarie musulmana. Los asesinatos "selectivos" y las operaciones de "guerra sucia" empleados por el estado judío contra la Intifada se van a aplicar en adelante a escala planetaria, nos advierte el Sr. Cheney (quien, por supuesto, "sufre" por verse obligado a ello) para prevenir nuevos atentados. Sharon, reclamado hasta ayer como criminal de guerra, se convierte súbitamente en el modelo a imitar.

- Las dificultades para un incremento del presupuesto de defensa en el Congreso se desvanecen como por ensalmo, y éste aprueba unánimemente una abultada cifra, inimaginable antes del atentado. Ese aumento además, de servir para guerras prefabricadas en la periferia, actuará como medida "keynesiana" para paliar la recesión económica galopante del Norte (la guerra es una medicina muy socorrida por el capitalismo en sus dolencias crónicas).

-Al identificarse esa civilización occidental, supuestamente amenazada, con EEUU-OTAN, queda identificada, a su vez, con el sistema capitalista. Todos los que lo cuestionen pasan a ser presuntos colaboradores del Imperio del Mal. Un estado de excepción permanente queda institucionalizado contra ese Enemigo Interior (v. g., el movimiento antiglobalización) que actúa como agente del Enemigo Exterior (¿dónde he leído yo esto antes?). Los derechos individuales y sociales tienen que ser sacrificados a la seguridad (y al presupuesto de defensa). Por nuestro propio bien, el Hermano Echelon nos vigila.

-El derecho internacional -y, por extensión, las NNUU- desaparece de facto y queda sustituido por la voluntad del gobierno de EEUU, que actúa simultáneamente como fiscal, juez y verdugo a escala planetaria; y a quien –como nos alecciona G. Roberston, secretario general de la OTAN- nadie va a cuestionar, porque representa al Imperio del Bien.

El problema es que, para mantener la estrategia de la tensión que justifique el estado de excepción permanente, serán necesarios nuevos atentados "masivos" –posiblemente en una capital europea- a cargo siempre de "fanáticos islamistas" conectados a la "internacional terrorista" (desde este punto, de vista quizá no convenga capturar aún a Bin Laden, pues puede servir, como "Carlos", de saco sin fondo adonde desviar, una y otra vez, las pistas de crímenes inconfesables).

¡Prietas las filas!

A pesar de que exige una clara agresión exterior de otro estado (y no de un grupo terrorrista) la OTAN invoca el artículo 5 de su recién estrenado reglamento, que la institucionaliza como gendarme mundial, para empujar a los países socios a acompañar a EEUU en su cruzada "justiciera", sin necesidad de aportar pruebas –tampoco las tienen- ni consultar a los parlamentos. Cruzada indeterminada en el tiempo y el espacio, contra un enemigo confuso y difuso, que sólo el dedo acusador del emperador puede concretar en cada momento (aunque, por supuesto, siempre dentro del ancho mundo islámico). De entrada éste señala a Afganistán.

¿Por qué Afganistán? ¿por Bin Laden? Afganistán, un país aparentemente pobre y desértico, resulta ¡oh casualidad! que es un país clave por tres razones:

-Por su valor estratégico militar para el dominio del pasillo euroasiático, fundamental, según la doctrina Mackinder, para dominar el mundo.

-Por su valor estratégico económico para la explotación y comercialización de las inmensas bolsas de petróleo y gas de la región del Caspio.

-Por ser el productor del 75% de la heroína mundial. La ruta de la heroína –moderna versión de la ruta de la seda- era controlada por la CIA y contribuía a alimentar los 300.000 millones de narcodólares anuales que fluyen hacia Wall Sreet. Los talibán tuvieron la osadía de destruir 3.000 toneladas de opio y arrasar las plantaciones.

Bin Laden actuó también como reclutador de mercenarios para la guerrilla chechena y, al igual que en el caso afgano, con asesoramiento de los servicios secretos anglo-americanos y financiación saudí. Pero tanto en Chechenia como en Afganistán (donde, junto a los talibán, intervenían fuerzas regulares de Paquistán, aliado incondicional de EEUU) los mercenarios se habían empantanado; es decir, no habían logrado avanzar hacia las zonas petroleras y dejar al descubierto el bajo vientre de Rusia y China (China, cuya economía sigue creciendo al 7%, mientras Occidente se sume en la recesión, se perfila como el gran rival a batir).
Entonces el Imperio -más exactamente, su núcleo duro anglo-yanqui-sionista- decide cambiar de estrategia y, demonizando a Bin Laden-talibán (y traicionando a su aliado paquistaní) decide apoyar a la Alianza del Norte, antiguo aliado, a su vez, contra la URSS que, posteriormente, fue derrocada por los talibán. Con este giro espectacular -que denota su absoluta falta de escrúpulos, ya que es la tercera vez que cambia de aliados en el conflicto afgano- pretende arrancar a la Alianza de la influencia rusa, a la vez que establecer una presencia mas directa en la zona (que podría incluir bases militares) resucitando una monarquía polvorienta con un rey momificado. La denominación inicial de operación "Justicia infinita", cambiada después por "Libertad perdurable" ilustra que su falta de sentido del ridículo sólo es superada por su cinismo.

La guerra del fin del mundo

A tres semanas del atentado -cuando escribo estas líneas- el ataque no se ha materializado y la confusión es total. Portavoces oficiales hablan primero de intervención de numerosas tropas de infantería con previsibles bajas, para desmentirlo después diciendo que serán solo operaciones de comando (los siniestros Delta Force que, portadores de valores éticos occidentales, nunca hacen prisioneros); hablan de atacar a Irak, Líbano, Siria y otros estados "terroristas" y a continuación lo desmienten, invitándoles incluso a unirse a la coalición internacional contra el terrorismo; demonizan mediáticamente a los árabes y al islamismo y luego se fotografían con ellos para demostrar que no es una guerra de civilizaciones.
Posteriormente hemos sabido que ello obedece a que en la Casa Blanca –y en el Pentágono- hay una lucha sorda –y sórdida- entre, por un lado, el lobby sionista (al que algunos achacan la autoría del atentado), expansionista y agresivo contra los árabes, cuyo mas destacado representante sería el vicesecretario de defensa, Paul Wolfowitz; y, por otro, un sector involucionista, reacio a involucrarse directamente en escenarios lejanos (postulaba incluso retirarse de los Balcanes) y a enemistarse con los árabes, y cuyo mas destacado representante sería Colin Powell. En medio estaría Bush, sometido a un "fuego cruzado" (que algún día podría convertirse en real). Nuevas sorpresas promete depararnos, pues, este culebrón interminable en un próximo futuro.

En resumen, a Afganistán pueden seguirle los enemigos más cercanos de Israel: Líbano, Irak, Siria e Irán (padrino de Hezbollah) si el lobby sionista consigue imponerse. Pero, con mayor probabilidad, con Afganistán serán arrastrados al torbellino bélico sus vecinos los países islámicos –que no árabes- del bajo vientre de Rusia y China: Tayiquistán, Uzbekistán, Turmekistán, etc.
Como advertía en mi artículo Kosovo y Chechenia (publicado en Rebelión) "pronto veremos incendiarse toda esa zona". La hoguera sería, en cualquier caso, más alta que las torres gemelas. Si no nos movilizamos para apagarla, podría ser " la guerra del fin del mundo".

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Irwin Goodman - Las Palmas