viernes 20 de febrero de 2009

Confunde, que algo queda

diputados de UCD en 1977

Pablo Castellano Cardalliaguet


El Imparcial, 20-XII-1977



Es evidente que si hoy viviera el llamado Fernando VII soportaríamos de nuevo su vieja frase: «Marchemos todos juntos, y yo el primero, por la senda de la confusión». Y es que este es el problema del país, al que unos y otros contribuimos en la medida de nuestro esfuerzo. ¿Pero aquí quién gobierna? Es evidente que el Gobierno no, ya que admite, y te endosa sus responsabilidades a los invitados de la Moncloa, los cuales a su vez no se oponen, y en suma ya no son oposición.

Y el Gobierno ¿es de derecha, de centro o de izquierda? Vaya usted a saber, si presta atención a ciertos datos o incongruencias, tales como la reacción contra Álvarez de Miranda y sus huestes por Taranconizarse hasta el extremo de querer volver a Trento, o si por el contrario recoge usted las críticas de Fernández Ordóñez por sus intentonas reformatorio-tributarias. Y eso sin perder de vista a los chicos del Movimiento Nacional, convertidos hoy en defensores de la democracia inorgánica y pluralista, pero menos, dejémonos de coñas.

Si a ello se añade la cordial entente Suárez-Carrillo, el que los comunistas sean hoy el primer bastión de defensa del suarismo y el que los socialistas, (¡algunos, ojo!) ya no insistan en la laicidad del Estado, en la supresión de las subvenciones a la enseñanza privada, y dejen lo de la República convertido en una etérea vocación, anhelo o inspiración, la confusión reinante alcanza ya grados de manicomio.

Hay que preguntarse por qué nadie quiere ocupar su sitio, y que se le conozca coherentemente por lo que es, lo que representa, lo que defiende y lo que busca. ¿Por qué nadie quiere clarificar esto, y la mentira política, el fraude, la simulación son la moneda en curso? Esto sólo puede tener dos contestaciones:
a) Desconfianza en que la difusión del propio y serio ideario, aparte del poder, y en suma sacrificio de la verdad a la realidad de la ambición del ordeno y mando.
b) Convencimiento de que los intereses que se defienden sean inargumentables, y búsqueda de una verborrea diferente para seguir jugando al mantenimiento de los mismos.

Es obvio que la primera posición es la de la llamada izquierda, y la segunda la de nuestro fundido y confundido Gobierno.

Pero como la confusión era poca, y la Constitución en secreto se va a encargar de hacerla mayor, para que ningún ciudadano pueda saber lo que con respecto a cada artículo mantienen los partidos políticos, enterándose sólo de lo que al final han pasteleado ahora, el señor Suárez, para que las cosas sean claras, ha decidido constituir el partido único. (No le hacia falta, si ya había acabado con la oposición en los Pactos de la Moncloa).

Un partido de falangistas, opusdeístas, liberales, cristiano demócratas, social demócratas, independientes, es imposible si cada uno de ellos es lo que dice ser, y sólo es lógico si todos son iguales, o sea nada. El autor de estas líneas es tan bruto que ignora la existencia de partidos de la derecha, con tendencias internas. Ah, ¡coño! eso ya estaba inventado y se llamaba el 20 de noviembre de 1975 el Movimiento Nacional en el que estaban todos. Sí, todos. Hemos vuelto al origen.

Un parlamento en el que no están representados los electores, sino la familia, Sindicato y Municipio eran las Cortes franquistas. Aleluya, hoy en el Parlamento, tan aplaudidor como el de antes, la Democracia Orgánica de los tres pilares, se ha visto sustituida por los portavoces de los grupos parlamentarios, los sumos sacerdotes del oficio de tinieblas en pasillos y confidencialidades. Nuevo regreso. Pues para descubrir ahora todo esto, perdón, para encubrir ahora lo de siempre, no hacía falta tanta farsa.

Franco puede estar contento, todo sigue atándose y bien atándose, sólo que con una ventaja, su hijo bien amado Adolfo Suárez ha hecho del Movimiento hasta a los de la oposición. (Ojo, no a toda).

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Dire Straits - Sultans of Swing (1985)