
Pablo Castellano Cardalliaguet
Diario 16, 23-IX-1981
Pero, ¿qué democracia? Si la democracia no debe ir acompañada de ninguna clase de adjetivos, menos aún debe ir precedida del correspondiente posesivo: «Su democracia.» Algunos mantienen que la democracia se consolida reduciendo a cenizas el sistema fiscal, incentivando la creatividad empresarial con sustanciosas ayudas a fondo perdido, créditos públicos y privados privilegiados, congelación de salarios, desaparición de las cuotas de la Seguridad Social, privatización de las empresas públicas rentables, y obligando a cargar al Estado con las consecuencias y gravámenes de aventuras empresariales que constituyen auténticas quiebras y estafas, remanente de una impericia y delictuosidad lamentablemente no contemplada todavía en el Código Penal. A todo esto lo llaman economía libre de mercado.
Si el Estado no impide la huelga de futbolistas, la democracia peligra. Si abandona a su suerte a banqueros especuladores y no recoge en su regazo la responsabilidad de estos fraudes, se desestabiliza el sistema. ¿Es ésta la llamada libre competencia?
Papel del Estado
Cuando el Estado nacionaliza ya no hay democracia, y cuando interviene para corregir abusos y fraudes desaparece la libertad. Y esto nos lo dicen múltiples empresarios que a lo largo de cuarenta años han ignorado la competencia, el mercado, la libertad y la democracia, y se han beneficiado de la dictadura, el monopolio, el proteccionismo arancelario, el crédito político y la represión sobre la clase obrera.
Es verdad que la política es algo demasiado importante para dejarla en manos de los políticos y, por eso, algunos luchamos por ponerla cada vez más en manos de los ciudadanos con los menos intermediarios posibles.
Pero también es verdad que la economía es demasiado vital para dejarla en manos de especuladores, agiotistas, aventureros de la industria y del comercio, sólo preocupados de ingentes beneficios a corto plazo y que llaman a esta jungla «su democracia», cuando se parece más a la vulgar ley de la selva.
¡Ah!, si el Estado, en virtud del simple razonamiento de que los dineros públicos y el ahorro colectivo deben ser, fundamentalmente, destinados al fomento de una actividad lo más pública y generalizada, protege el cooperativismo, hace saltar situaciones de monopolios, rompe diques en tanto mercado cerrado y pone en marcha una política de auténtica promoción social, es, inmediatamente, tildado de comunista, socializante y totalitario.
Libre competencia
Un poco de seriedad y veamos de verdad que entienden algunos por un sistema de libre competencia y que quieren decir cuando hablan de consolidar la democracia.
Cuando un malhadado día, ciertos militantes se constituyen en plataforma, tendencia, corriente o grupo, y dicen que no les gusta la oligarquización del poder, del partido que sea, en manos de una camarilla, la falta de democracia interna, el reparto de prebendas a los fieles y la marginación de los no acomodaticios. ¡Alto ahí!, están desestabilizando la democracia. Así, como suena, con mayúsculas.
Y las respectivas direcciones, en lugar de aceptar la crítica y reconocer que lo que quieren es estabilizar un partido bastante desestabilizado por carreristas profesionales, reaccionan en «empresa», porque han hecho del partido su industria, su escalafón, y su negocio.
Siempre hay alguien que amenaza con el peligro de los tanques para garantizarse su poder económico, institucional o partidista, y el ejemplo de esta actitud va cundiendo hasta los últimos niveles, por lo que pedir la dimisión de un concejal es un delito de lesa democracia. Ese delito no existe si es el aparato del partido el que expulsa senadores, diputados, destituye alcaldes, se «cepilla» presidentes de la Diputación, y los sustituye por sus amigos, porque lo hace para consolidar «su democracia».
Pero, resulta que muchos desestabilizadores lo que pretenden es ampliar la democracia posesiva de unos pocos a todos los ciudadanos, a todos los militantes, en lo económico, en lo político, lo social y lo cultural. Es evidente que ampliar la democracia es desestabilizar la situación de quienes la han privatizado.
Si consolidar la democracia es proteger la inamovilidad de los aparatos de los partidos, justificar una dinámica parlamentaria de compadreo, pasilleo y confusión, silenciar la corrupción generalizada de izquierda a derecha, aceptar la nueva fórmula de recomendación política que se ha impuesto para cubrir puestos de trabajo a dedo, dulcificar el trato de los golpistas y del terrorismo de derechas, dejar intocados los privilegios y las sabrosas compatibilizaciones, apretar el cinturón de los trabajadores, reenviarlos al paro para garantizar los beneficios empresariales, y no exigir jamás responsabilidades políticas a quienes la están falsificando, desvirtuando y despreciando, para que casi llegue a ser una pura caricatura de lo que este pueblo tanto ha deseado y por lo que tanto ha luchado, tendremos que hacer una seria campaña de movilización desestabilizadora de los estabulados, para apartarlos de los «pesebres», en los que muchos de ellos han convertido el cargo político, los partidos, los sindicatos y demás instituciones públicas.
Por descontado, que estas pobres líneas quieren ser, en ese sentido, desestabilizantes.
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Kansas - Carry On Wayward Son (1976)
