domingo 15 de marzo de 2009

Glosas críticas marginales al artículo "El rey de Prusia y la reforma social. Por un prusiano" (y II)

Karl Marx

Karl Marx


Vorwärts!, nº 64, 10-VIII-1844



Volvamos ahora a las sentencias del "Prusiano" a propósito de los obreros alemanes.

"Los alemanes pobres" dice en tono burlón, "no son más astutos que los pobres alemanes; o sea, no ven otra cosa más allá de su hogar, de su fábrica, de su distrito. Hasta el momento toda la cuestión ha sido dejada de lado por el espíritu político que todo lo penetra".

Para poder establecer una comparación entre la situación de los obreros alemanes y la de los obreros franceses e ingleses, el "Prusiano" tendría que haber comparado la primera forma, los albores del movimiento obrero en Francia e Inglaterra, con el movimiento que se inicia actualmente en Alemania. Al olvidar esto, su razonamiento conduce a una trivialidad como es decir que la industria alemana está todavía menos desarrollada que la industria inglesa, o bien que un movimiento en sus comienzos no se parece a un movimiento en desarrollo. Pretendía hablar de la particularidad del movimiento obrero alemán, y no nos dice ni palabra. Que el "Prusiano" se sitúe en el punto de vista exacto, y verá que ni uno solo de los levantamientos obreros en Francia o en Inglaterra ha presentado unas características tan teóricas, tan conscientes, como la rebelión de los tejedores silesios.

Recordemos ante todo la canción de los tejedores, esa atrevida consigna de guerra en la que no se hace mención alguna del hogar, ni de la fábrica, ni del distrito, y en la que en cambio el proletariado clama inmediatamente, de forma brutal, contundente, violenta y tajante su oposición a la sociedad de la propiedad privada. El levantamiento silesio comienza precisamente donde terminan las insurrecciones obreras inglesas y francesas, con la conciencia de lo que es la esencia del proletariado. La misma acción presenta este carácter de superioridad, pues no se destruyen tan sólo las máquinas, rivales del obrero, sino también los libros de comercio, los títulos de propiedad; y mientras todos los demás movimientos en principio tan sólo se dirigen en contra del patrono industrial, enemigo visible, este otro se vuelve igualmente contra el banquero, enemigo oculto. Ni siquiera uno de los levantamientos obreros ingleses se ha llevado con tanta valentía, superioridad y resistencia.

En lo que concierne a la cultura de los obreros alemanes en general, o a su aptitud para instruirse, recordaré los geniales escritos de Weitling que, desde el punto de vista teórico, superan incluso frecuentemente las obras de Proudhon, a pesar de resultar inferiores en cuanto a su ejecución. ¿Qué obra comparable a la de Weitling, Garantías de la armonía y de la libertad, puede presentarnos -respecto a la emancipación burguesa, la emancipación política- la burguesía, comprendidos sus filósofos y sus sabios? Que se compare ese gigantesco zapato de niño del proletariado con el zapato político y enaniforme de la burguesía alemana, se podrá predecir una forma atlética para la cenicienta alemana. Debemos admitir que el proletariado inglés es el economista y que el proletariado francés es el político, así como que Alemania posee tanto una vocación clásica para la revolución social como una incapacidad para la revolución política. Del mismo modo que la impotencia de la burguesía alemana es la impotencia política de Alemania, las aptitudes sociales de Alemania; la desproporción existente entre el desarrollo político y el desarrollo filosófico de Alemania no tiene nada de anormal, sino que es una desproporción necesaria. Tan sólo en el socialismo puede un pueblo filosófico encontrar su práctica adecuada, y únicamente en el proletariado puede hallar el elemento activo de su liberación.

Pero en este momento no tengo ni tiempo ni ganas de explicarle al "Prusiano" la relación de la "sociedad alemana" con la conmoción social, extrayendo de esa relación, por un lado, la débil reacción de la burguesía alemana contra el socialismo y, por otro, las excelentes condiciones del proletariado alemán para el socialismo. Los primeros elementos para la comprensión de ese fenómeno los encontrará en mi Introducción a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel (Anales franco-alemanes).

Así pues, la inteligencia de los alemanes pobres está en razón inversa a la inteligencia de los pobres alemanes. Pero aquellos a quienes toda cuestión debe servir para realizar ejercicios de estilo públicos, llegan mediante esta actividad formal a un contenido contrario que, a su vez, impone de nuevo a la forma el sello de la trivialidad. De ese modo el intento del "Prusiano" de proceder -en un asunto como los acontecimientos de Silesia- mediante la formulación de antítesis le ha llevado a la mayor antítesis respecto a la verdad. La única tarea de un hombre, que ama la verdad y cree en ella, consiste -frente a la primera explosión del levantamiento obrero de Silesia-, en lugar de actuar como un maestro de escuela, en estudiar su aspecto específico. Para ello es necesario ante todo una cierta perspicacia científica y cierto amor a los hombres, mientras que para la otra operación basta una fraseología bien dispuesta, inmersa en un vacío egoísmo.

¿Por qué el "Prusiano" juzga con tanto desprecio a los obreros alemanes? Porque para él "toda cuestión" -la de la miseria de los obreros alemanes- ha sido "hasta el momento" dejada de lado "por el espíritu político que lo penetra todo". Seguidamente expone su amor platónico por el espíritu político:

"Todas las sublevaciones que estallen en el funesto aislamiento de los hombres de su ser colectivo y en el aislamiento de sus ideas respecto a los principios sociales, serán sofocados con sangre y con incomprensión. Pero desde el momento en que la miseria engendre la inteligencia y la inteligencia política de los alemanes descubra las raíces de la miseria social, entonces también en Alemania se dejarán sentir estos acontecimientos como los síntomas de una gran conmoción."

Ante todo, nuestro "Prusiano" debe permitirnos una observación sobre su estilo. Su antítesis es incompleta. En la primera mitad dice "la miseria engendra la inteligencia" y en la segunda "la inteligencia política descubre las raíces de la miseria social". La simple inteligencia de la primera mitad deviene, en la segunda, la inteligencia política, así como la simple miseria de la primera mitad de la antítesis deviene, en la segunda, la miseria social ¿Por qué nuestro orfebre estilista ha ordenado tan desigualmente las dos mitades de la antítesis? No creo que haya reparado en ello. Intentaré interpretar su verdadero instinto. Si el "Prusiano" hubiera escrito: "La miseria social engendra la inteligencia política, y la inteligencia política descubre la raíz de la miseria social", la sinrazón de esta antítesis no habría escapado a ningún lector imparcial. Todos se hubieran preguntado, en principio, por qué el anónimo escritor no asocia la inteligencia social a la miseria social y la inteligencia política a la miseria política, tal como reclama la más elemental lógica. Pasemos pues a ello.

Tan falso es que la miseria social engendra la inteligencia política, que es, precisamente al contrario, el bienestar social el que produce la inteligencia política. La inteligencia política es espritualista, se da en quien ya posee, en quien está cómodamente instalado. Nuestro "Prusiano" debe escuchar a este respecto a un economista francés M. Michel Chevalier:

"En 1789, cuando la burguesía se sublevó, tan sólo le faltaba para ser libre, participar en el gobierno del país. Para ella la liberación consistía en retirar de las manos de los privilegiados, que poseían el monopolio de esas funciones, la dirección de los asuntos públicos, los altos cargos civiles, militares y religiosos. Rica e ilustrada, capaz de bastarse a sí misma y de gobernarse sola, quería apartarse del régimen de voluntad arbitraria."

Hemos demostrado ya al "Prusiano" hasta qué punto la inteligencia política es incapaz de descubrir el origen de la miseria social. Pero aún hemos de añadir algo más respecto a su manera de ver las cosas. El proletariado, al menos en los comienzos de su movimiento, derrocha tanto más sus fuerzas en motines ininteligentes, inútiles y bañados en sangre cuanto más desarrollada y más generalizada es la mentalidad política del pueblo. Ya que cree en la forma de la política, y ve la razón de todos los abusos en la voluntad, y todos los medios de remediarlos en la violencia y el derrocamiento de una determinada forma de Estado. Como ejemplo tenemos las primeras explosiones del proletariado francés. Los obreros de Lyon creían que no perseguían más que fines políticos, que solamente eran soldados de la república, cuando en realidad eran soldados del socialismo. De este modo su inteligencia política les ocultaba la raíz de la miseria social, falseando así la comprensión de su verdadero objetivo. Así su inteligencia política engañó su instinto social.

Pero si el "Prusiano" cuenta con que la miseria engendra la inteligencia, ¿por qué asocia "represiones sangrientas" con represiones por incomprensión"? Si la miseria en general es un medio, la miseria ensangrentada es un medio más drástico para engendrar la inteligencia. Por lo tanto el "Prusiano" debería decir: la represión sangrienta eliminará la ininteligencia y proporcionará a la inteligencia un impulso necesario.

El "Prusiano" profetiza la represión de las rebeliones que estallan en el "aislamiento funesto de los hombres del ser colectivo y en la separación de sus ideas respecto a los principios sociales".

Hemos señalado anteriormente que en la explosión de la rebelión silesia no existía ninguna separación de las ideas y de los principios sociales, por lo que no hemos de ocuparnos más que del "aislamiento funesto de los hombres del ser colectivo". Por ser colectivo debemos entender aquí el ser político, el ser del Estado. Es la vieja cantinela de la Alemania no política.

Pero, ¿no sucede acaso que todas las rebeliones, sin excepción, estallan en el aislamiento funesto de los hombres del ser colectivo? Toda sublevación, ¿no presupone necesariamente este aislamiento? ¿Hubiera podido tener lugar la Revolución de 1789 sin este funesto aislamiento de los burgueses franceses del ser colectivo? Estaba precisamente destinada a suprimir este aislamiento. Pero el ser colectivo del que se halla separado el trabajador es un ser colectivo de realidad distinta, de distinto alcance que el ser político. El ser colectivo del que le separa su propio trabajo es la vida misma, la vida física e intelectual, las costumbres humanas, la actividad humana, el goce humana, el ser humano. El ser humano es el verdadero ser colectivo de los hombres. Del mismo modo que el funesto aislamiento de este ser es incomparablemente más universal, más insoportable, más terrible, más lleno de contradicciones que el hecho de estar aislado del ser colectivo político; asimismo, la supresión de este aislamiento -e incluso una reacción parcial, un levantamiento contra ese aislamiento- tiene un alcance mucho mayor, al igual que el hombre es mucho más que el ciudadano, y la vida humana mucho más que la vida política. Por muy parcial que sea, la sublevación industrial encierra en ella misma un lama universal. En cambio, la insurrección política por más universal que sea, disimula bajo su forma colosal un espíritu limitado.

El "Prusiano" finaliza dignamente su artículo con esta frase: "Una revolución social sin espíritu político (es decir, sin comprensión organizadora que actúe desde el punto de vista de la totalidad) es imposible".

Ya lo hemos visto: aún cuando no se produzca más que en un único distrito industrial, una revolución social se sitúa en el punto de vista de la totalidad porque es una protesta del hombre contra la vida deshumanizada, porque parte del punto de vista de cada individuo real, porque el ser colectivo del que el individuo se esfuerza en no permanecer separado es el verdadero ser colectivo del hombre, el ser humano. Por el contrario el espíritu político de una revolución consiste en la tendencia de las clases sin poder político a suprimir su aislamiento respecto del ser del Estado y del poder. Su punto de vista es el del Estado, una totalidad abstracta que tan sólo existe por la separación de la vida real, que sería impensable sin la contradicción organizada entre la idea general y la existencia individual del hombre. De acuerdo con su naturaleza limitada y ambigua, una revolución con espíritu político crea pues una esfera dominante en la sociedad a expensas de la propia sociedad.

Vamos a explicarle ahora al "Prusiano" lo que es una "revolución social" con espíritu político, y le revelaremos el secreto de su incapacidad para situarse a pesar de sus bellos discursos, por encima del limitado punto de vista político.

Una revolución "social" con espíritu político es o bien un complejo absurdo, si el "Prusiano" entiende por revolución social una revolución "social" opuesta a una revolución política y dotada nada menos que de un espíritu político en lugar de un espíritu social, o bien una simple paráfrasis de lo que de ordinario se conoce como "revolución política", o una "revolución a secas". Toda revolución disuelve la antigua sociedad, y en este sentido es social. Toda revolución acaba con el antiguo poder, y en ese sentido es política.

¡Qué escoja nuestro "Prusiano" entre la paráfrasis y el absurdo! Pero así como una revolución social con espíritu político es parafrástica o absurda, una revolución política con espíritu social es algo completamente racional. La revolución en general -el derrocamiento del poder existente y la supresión de las antiguas relaciones- es una acto político. El socialismo sin renovación no puede realizarse; tiene necesidad de destrucción y de disolución. Pero allí donde empieza su actividad organizadora y donde surgen el objetivo y el espíritu que le son propios, el socialismo rechaza su apariencia política.

Ha sido preciso desarrollar esta larga explicación para desmenuzar la sarta de errores disimulados en una sola columna de periódico, ya que no todos los lectores puede que tengan la cultura y el tiempo precioso para percatarse de semejante charlatanería literaria. El "Prusiano" anónimo en reconocimiento a sus lectores, ¿no tendría acaso la obligación de renunciar a toda elucubración literaria en el ámbito político y social, y a las disertaciones sobre la situación alemana, aplicándose en su lugar al estudio concienzudo de su propia situación?"